Bueno, ya estamos de vuelta. Todos sanos y salvos, aunque Leela un poco indispuesta aún.
Llegamos a Calella el viernes sobre las ocho de la tarde y nos dió tiempo a enseñarle el pueblo a Leela (que aunque volvió muy cansada del paseo, se lo pasó muy bien).
Y el resto del fin de semana lo hemos pasado descansando y de relax, disfrutando del clima de aquella parte de la costa, mucho más fresco que el de aquí (que bien he dormido...), tomando el sol a ratos (para lo poco que yo suelo aguantar bajo el astro rey, me ha tocado bastante), paseando por el pueblo impregnándonos del ambiente que disfrutaremos todo un mes en Agosto y viendo pelis (o al menos intentándolo porque yo me quedé dormida en una de cada tres que intenté ver).
De los petardos de la verbena de San Juan no nos libramos. Resulta que los vecinos de los otros apartamentos tenían organizada una verdadera ensalada de petardos, cohetes y cualquier otro artilugio que hiciera ruido.
Y para acabar el fin de semana, operación retorno. Cuatro horas para recorrer un trayecto que debería ser de hora y media. Trayecto que la pobre Leela no pudo aguantar (y eso que normalmente lo lleva super bien lo de ir en coche, le encanta) y se mareó y tuvimos que parar a que le diera el aire. Aún hoy la he dejado durmiendo a pierna suelta, recuperándose del susto.
Llegamos a Calella el viernes sobre las ocho de la tarde y nos dió tiempo a enseñarle el pueblo a Leela (que aunque volvió muy cansada del paseo, se lo pasó muy bien).
Y el resto del fin de semana lo hemos pasado descansando y de relax, disfrutando del clima de aquella parte de la costa, mucho más fresco que el de aquí (que bien he dormido...), tomando el sol a ratos (para lo poco que yo suelo aguantar bajo el astro rey, me ha tocado bastante), paseando por el pueblo impregnándonos del ambiente que disfrutaremos todo un mes en Agosto y viendo pelis (o al menos intentándolo porque yo me quedé dormida en una de cada tres que intenté ver).
De los petardos de la verbena de San Juan no nos libramos. Resulta que los vecinos de los otros apartamentos tenían organizada una verdadera ensalada de petardos, cohetes y cualquier otro artilugio que hiciera ruido.
Y para acabar el fin de semana, operación retorno. Cuatro horas para recorrer un trayecto que debería ser de hora y media. Trayecto que la pobre Leela no pudo aguantar (y eso que normalmente lo lleva super bien lo de ir en coche, le encanta) y se mareó y tuvimos que parar a que le diera el aire. Aún hoy la he dejado durmiendo a pierna suelta, recuperándose del susto.




















5 comentarios:
Pobre Leela! Se recuperó ya?
Sí, ya está mejor.
Mira que desde pequeña la hemos acostumbrado al coche, pero supongo que lo de ayer fue demasiado.
Haciendo ya un poco de pretemporada para el veraneo, ¿eh?
Que os recuperéis pronto tanto Leela como tú (sobretodo).
Siento lo del accidente, pero me alegro que no fuera nada grave.
Buf pues yo he estado todo el finde en casa con fiebre.. sin celebrar San Juan ni nada =(
Otro año será..
liiiii li li li li li piscina.
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